Quizás, el montador por naturaleza. El hombre sin la cámara. El archivista neoyorkino, coleccionista compulsivo y acumulador obsesivo de imágenes perdidas.
Alan Berliner es uno de los cineastas más preeminentes de ese documental del que ha reescrito su propia definición hasta convertirlo en un género mutante en el que se mezclan vida íntima, imágenes ajenas, ensayo y humor.