Jugar con la moviola y despedazar, sin piedad, las películas para volver a montarlas a tu manera. El sueño de todo aficionado al cine hecho realidad en las cintas de Pfaffenbichler y Berliner.
Mosaik Mécanique. Es un homenaje al Ballet Mécanique (1924), de Fernand Léger, en su búsqueda de un arte puro y autónomo, reescribiendo un cortometraje de Charlie Chaplin, A Film Johnnie (1914), hasta convertirlo en una masa de objetos y movimientos en CinemaScope. Una nueva forma de proyectar y percibir la obra original mediante su descomposición y reestructuración.
Norbert Pfaffenbichler. Artista, cineasta y programador, es uno de los exponentes del found footage. Nació en Steyr (Austria), en 1967, y estudió en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Desde 2001, trabaja como artista y curador, y ha participado en festivales como el de Toronto, Rotterdam o el Sónar, entre otros.
Wide Awake (2006). Alan Berliner profundiza, en clave documental, en el tema de la identidad. El realizador neoyorquino trenza Wide Awake con el hilo argumental de su propio insomnio. El nacimiento de su segundo hijo acaba centrando el objetivo de la cámara en la segunda parte del film. Probablemente uno de los documentales más divertidos y fascinantes de los últimos años, aborda su insomnio como fuente de creatividad y, al mismo tiempo, fuente de problemas en la vida familiar. Trabajar de noche, mientras la familia duerme, y dormir de día, mientras la familia vive. Una película en blanco para una “noche en blanco”.
Alan Berliner. Quizá sea el montador por naturaleza. El hombre sin la cámara. El archivista neoyorkino, coleccionista compulsivo y acumulador obsesivo de imágenes perdidas, es uno de los cineastas más preeminentes de ese género documental del que ha reescrito su propia definición, hasta convertirlo en uno mutante, en el que se mezclan vida íntima, imágenes ajenas, ensayo y humor. Berliner es, además, uno de los montadores más precisos del cine contemporáneo, auténtico defensor del montaje en moviola, pegando y cortando el celuloide con sus propias manos, en una defensa contracorriente de un instrumento, la moviola, arrinconado por las tecnologías digitales.
Es uno de los directores de documentales que mejor han sabido aunar las tradiciones de cine de autor y experimental, bajo el sello de calidad de la HBO, para alcanzar audiencias inalcanzables para otros. Él personifica, en su última película, el drama familiar y artístico de quien trabaja de noche y no logra vivir de día.